El mundo musical

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martes, 13 de septiembre de 2011

EL Portero del Prostíbulo

De los muchos cuentos que he leído, este es uno de mis favoritos... especialmente en tiempos de crisis. Es una lección que aprendí la primera vez que lo leí y que aún hoy sigo recordando.




No había en el pueblo peor oficio que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio.


Un día, se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, que decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y citó al personal para darle nuevas instrucciones.


Al portero, le dijo:


– A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entran y sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.


– Me encantaría satisfacerlo, señor –balbuceó– pero yo no sé leer ni escribir.


– ¡Ah! ¡Cuánto lo siento!


– Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida.


– Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización hasta que encuentre otra cosa. Lo siento, y que tenga suerte.


Sin más, se dio vuelta y se fue. El portero sintió que el mundo se derrumbaba. ¿Qué hacer? Recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que ésta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. Pero sólo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza derruida. Usaría parte del dinero de la indemnización para comprar una caja de herramientas completa.


Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. Y emprendió la marcha. A su regreso, su vecino llamó a su puerta:


– Vengo a preguntarle si tiene un martillo para prestarme.


– Sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo...


– Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.


– Está bien.


A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.


– Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?


– No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.


– Hagamos un trato –dijo el vecino. Yo le pagaré los días de ida y vuelta más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?


Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. A su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.


– Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo... Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje, más una pequeña ganancia; no dispongo de tiempo para el viaje.


El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.


Recordaba las palabras escuchadas: "No dispongo de cuatro días para compras". Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas. En el viaje siguiente arriesgó un poco más de dinero trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.


La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.


Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricarle las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no?, las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos... En diez años, aquel hombre se transformó, con su trabajo, en un millonario fabricante de herramientas.


Un día decidió donar una escuela a su pueblo. En ella, además de a leer y escribir, se enseñarían las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo:


– Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de esta nueva escuela.


– El honor sería para mí –dijo el hombre–. Nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir; soy analfabeto.


– ¿Usted? –dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creer–. Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?


– Yo se lo puedo contestar –respondió el hombre con calma–. Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería el portero del prostíbulo!

Feliz semana a todos y un beso.

*María Jesus*

lunes, 29 de agosto de 2011

Angelito Negro


El poema que pongo a continuación, me ha llegado tan al alma, que he pedido permiso a mi hermano para publicarlo... por los niños de Somalia y por todos los niños, que como el del poema sufren y mueren.


*Angelito Negro*

Mientras un niño llora, mamá le canta,
y le arrima su teta, no sale nada,
están secos sus pechos, como su alma,
mientras el niño llora, ella le calma.
Sus ojitos pequeños están hundidos,
no le brillan, reflejan que está perdido,
tiene sed, tiene hambre, tiene tristeza,
y su madre le abraza, mientras se queja.
Ella alza sus ojos, mirando al cielo,
y llorando suplica que su pequeño,
ya no tenga hambre y sed… tan sólo eso.
El pequeño calla, ya no solloza,
se ha quedado dormido… la madre llora.
No se mueve, no gime… se ha ido su alma,
su mamá se despide, por fin se calma.
Mientras cubre su cara, le come a besos,
se despide del niño, tan sólo eso.
Ya no hay hambre, no hay sed… ya se ha acabado,
el pequeño descansa, está cansado.
Ahora es un angelito… duerme tranquilo.
Desde el cielo a su madre, le ha sonreído.
Autor // Luis Blanco Guillen //
Ojalá entre todos podamos mandar un Trébol de cuatro Hojas a Somalia  para que esto deje de ocurrir...
Un beso a todos *Cuchu*


viernes, 20 de mayo de 2011

La jaula de los jilgueros


Había una vez una jaula muy grande que estaba llena de jilgueros. Todas las mañanas, cuando salía el sol, todos comenzaban a cantar. En pocos lugares se escuchaban unos cantos tan bonitos como aquellos. Pero había un jilguero que destacaba por lo bien que lo hacía. Nunca se había oído cantar a un pájaro de esa manera.

Un hombre muy rico oyó hablar de este jilguero y quiso tenerlo en su casa. Fue al dueño y le ofreció una fortuna a cambio del pájaro. Pero el dueño le dijo que había un pequeño problema. Como todos eran tan parecidos, no sabía distinguir cuál de ellos era. Aunque la cosa era de fácil solución; cuando le oyera cantar, se fijaría en él y le haría una marca. Así que, el hombre rico quedó en volver al día siguiente para llevárselo.

El dueño se puso a buscar al que cantaba tan bien. Cuando lo descubrió, lo cogió y le arrancó una pluma de la cola. Así lo podría reconocer con facilidad.

Por la noche, todos los jilgueros que vivían en la gran jaula estaban muy preocupados. Habían caído en la cuenta de que el dueño quería vender al que mejor cantaba. Estaban muy unidos y no querían perder a un buen amigo. Por eso, buscaron la manera de impedir que su amigo fuera vendido. Después de estar un rato pensando, a uno de ellos se le ocurrió una brillante idea. Arrancarse todos la misma pluma de la cola. Así no podrían reconocerle y no lo venderían.

A la mañana siguiente, llegó el hombre rico a por el jilguero. El dueño lo acompañó hasta la jaula diciéndole que ya estaba todo solucionado. Pero cuando empezó a buscarlo, se dio cuenta de que a todos les faltaba la misma pluma de la cola. Al final, no pudo encontrarlo y el jilguero no fue vendido. La unión de sus amigos había conseguido salvarle.

Siempre la unión hace la fuerza... Feliz fin de semana. Un beso.
María Jesus

domingo, 17 de abril de 2011

Caminando hacia el presente

Caminando hacia el presente (modificado)


Jorge sentía cómo se apagaba su ilusión. Había trabajado muy duro toda su vida para llegar a tener una estabilidad económica en la vejez. Siempre soñó pasar los años de madurez viajando y disfrutando lo que le restara de vida... Y ahora, a los 50 años, se había arruinado. Todo cuanto consiguió se había esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Se encontraba como cuando era un adolescente, es decir, sin nada. Con la diferencia de que ahora ya no tenía la energía y el ímpetu de entonces, y tampoco tenía tanto tiempo como en la juventud. Se sentía desolado, sin ganas de volver a empezar y sin ganas de seguir en su nueva situación.

Salió a dar un paseo por la playa, necesitaba el aire fresco, el ruido de las olas, la brisa del mar y pensar… pensar mucho. Debía encontrar la forma de resolver su triste situación. En su paseo miró hacia atrás y se fijó en las huellas de sus pies, marcadas en la fina arena mojada… una ola las cubrió y se borraron de nuevo… “Eso es mi vida ahora, una huella borrada”… Lloró desconsolado y siguió su paseo con la mirada fija en el suelo.

Un hombre de unos 30 años se cruzó con Jorge y al ver sus lágrimas se paró a preguntarle -¿Se encuentra bien?- . Jorge miró al joven y casi sin pensar empezó a contar su historia… ¡Necesitaba tanto desahogarse con alguien! El hombre le escuchaba con atención y trató de animarle. Jorge reparó en su vestimenta harapienta y no pudo evitar preguntarle -Parece que a usted tampoco le va demasiado bien; pero aún es joven y está a tiempo de remontar, ¡no pierda el tiempo!, y fórjese una buena vejez. Llegará un día en el que no pueda trabajar y necesitará recursos-. El hombre le miró con extrañeza y pausadamente le contestó -a mí me va muy bien, vivo como me gusta. Disfruto cada amanecer, cada puesta de sol, dedico tiempo a la lectura, viajo, cultivo amistades con personas increíbles... aprendo cada minuto de lo que me rodea- contestó.

-¿Pero no trabaja ni hace nada de provecho?

-Trabajo lo necesario, así tengo más tiempo para disfrutar lo que la vida me brinda cada momento. Aprovechar bien la vida es hacer algo de provecho-. Concluyó y con un gesto amable se despidió de él siguiendo su camino.

Jorge se volvió mirando cómo se alejaba y pensó que aquel hombre sería un pobre desgraciado en la madurez, con una vida difícil y triste.

Siguió su paseo, recordando la conversación que acababa de mantener. Iba distraído en sus pensamientos y sin darse cuenta pisó a un joven, que hacía castillos de arena, con tan mala suerte que cayó encima rompiendo el castillo que tan afanosamente hacía el muchacho, que no tendría más de 18 años.

-¡Cuanto lo siento!- se disculpó Jorge. El muchacho se le quedó mirando unos segundos y con una sonrisa le dijo –no importa volveré a reconstruirlo. A Jorge le dio pena que aquel chico perdiera así su tiempo, y sin que nadie se lo pidiera, contó su historia al joven. Con la mejor de sus intenciones le aconsejó -no pierdas tu juventud haciendo castillos de arena... acabas de ver que no tienen ninguna consistencia. Aprovecha el tiempo para forjarte un buen futuro, luego, cuando menos lo esperas viene la madurez y no tendrás nada.

-Soy muy joven para pensar en mi madurez. Ahora estoy ocupado en disfrutar de mi juventud.

-Pero deberías pensar en hacer algo de provecho para el futuro.

-Ya lo estoy haciendo... disfruto cada momento que se me brinda ¿no es eso de provecho?-.

Jorge se despidió del muchacho, que empezó a reconstruir su castillo de arena. Y siguió su paseo convencido de que esa conversación no llegaría a ninguna parte, el joven no comprendía que sólo trataba de darle un consejo. No valoraba su experiencia.

Andaba despacio, apesadumbrado por su mala suerte. Volvió a mirar atrás… miró de nuevo sus huellas cada vez más apenado, y vio que un anciano las iba pisando una a una, acercándose a él. Tendría unos 80 años y parecía un hombre feliz. –Parece usted muy triste- le dijo el anciano de pelo blanco y mirada limpia. -Usted parece feliz- contestó Jorge- Yo he trabajado duro toda la vida, para poder disfrutar de una madurez tranquila… he tenido mala suerte, seguro que a usted le fue mejor que a mí.

-Nunca he trabajado duro para tener una buena vejez... he trabajado porque tenía que hacerlo para poder sobrevivir. Pero he gastado todo según lo ganaba y ahora no tengo nada.

-Entonces ¿por qué parece tan feliz si no tiene nada?


- Porque no lo necesito. Tengo una familia que me quiere, amigos y muchas vivencias alegres que me proporcionan satisfacción.

-No lo entiendo. Si no ha hecho nada de provecho ¿qué satisfacción puede tener?

-He aprovechado cada momento bueno que se ha presentado, he vivido y sigo viviendo el momento, ¿invertir el tiempo en ser feliz en cada momento no es algo de provecho?-contestó con una gran sonrisa.

Jorge se despidió del anciano y se fue a su casa sintiéndose mucho peor que antes; pensando que había desperdiciado su vida preparando un futuro mejor… No disfrutó los buenos momentos que se le fueron presentando, estaba demasiado ocupado en forjarse una estabilidad... ¿qué estabilidad? pensó.

-¡Si volviera a nacer haría las cosas de otra forma! Disfrutaría el presente e intentaría ser feliz, sin obsesionarme tanto en el mañana.

-¿Y por qué no empiezas ahora?, has vivido la mitad de tu vida sin apenas apreciarla... ¿Por qué no empiezas a disfrutar desde hoy cada minuto, hasta el fin de tus días?-.


-¿Quién ha dicho eso?- preguntó Jorge, que se encontraba solo en la puerta de su casa.

-Soy tu presente. Llevo 50 años contigo y ni siquiera te has dado cuenta de que estaba aquí. El pasado va detrás de ti y el futuro va por delante. Solo yo, estoy siempre contigo, esperando que aceptes lo que te ofrezco. Si lo haces, te proporcionaré muchos buenos momentos. La vida es de provecho si sabes aprovecharla siendo todo lo feliz que puedas. No importan las circunstancias... sólo serás feliz si eres agradecido con lo que tienes.

-¿Qué debo hacer entonces? No tengo medios… me he quedado sin nada.

-¿Sin nada?... ¿Ha cambiado la playa ahora que te has arruinado? Y el mar… ¿ha cambiado? ¡Todo te está esperando! ¡Disfrútalo! ¿Qué importa si tu bolsillo está lleno o vacío?-.

Jorge al fin comprendió lo que le decía el presente. Pensó en el joven, en el anciano y en el hombre harapiento. Comprendió que lo verdaderamente importante, es hacer aquellas cosas que alegran el espíritu…

… Y se marchó en compañía de su presente dispuesto a beberse la vida… en sus ojos había un brillo de ilusión.

Un beso a todos.

*María Jesús* Safe Creative #1105069151362 Compartir

lunes, 11 de abril de 2011

Buscando recuerdos


Buscando recuerdos de mi vida me encontré con la memoria...¿ tú quién eres ? pregunté, pues no la reconocí; no me contestó, se hizo la remolona y volvió ha esconderse entre los recuerdos perdidos. - Es la memoria - dijo alguien detrás de mí. Me dí la vuelta y me encontré con mi conciencia.
- ¿ De qué se esconde ? quiero encontrar mis recuerdos y ella no quiere ayudarme. La conciencia se puso tensa y me dijo: No fuerces a la memoria, hazme caso, seguro que te está haciendo un favor. La memoria es sabia, a veces incluso es bondadosa y nos protege de los malos recuerdos.
Dejé de buscar en mis recuerdos y empecé a vivir el presente. Safe Creative #1104118951618

Cuchu / Agosto 2009 /

lunes, 21 de marzo de 2011

El Juego de la Oca

Hoy se me ha venido a la cabeza un pensamiento, en realidad es una comparación que me ha hecho reflexionar. Por un momento he visto el juego de la oca, tan conocido por todos, como el paso por la vida. A veces caes en los dados, en la oca o en el puente, y sientes que tienes suerte, avanzando con más rapidez a la meta… también está la posada, que retrasa nuestro camino o el pozo que nos obliga a detenernos, hasta que otro nos rescate cayendo en él. Pero la que menos gusta es la muerte, que nos obliga a empezar de nuevo y entonces pensamos que la suerte es mala. Sin embargo aplicado a la realidad no lo veo así… en la vida real los dados o la oca no son signos de suerte, según mi opinión, tampoco el pozo o la posada son lo contrario, incluida la muerte.


Sólo son formas de vivir la vida, unos prefieren los atajos –dados y ocas-, saltándose un montón de experiencias que aportan sabiduría, madurez y preparación, cosas que únicamente se consiguen paso a paso (la posada) o incluso quedando una larga temporada inactivos (el pozo), deteniéndose, soportando los avatares buenos o malos, superando cada prueba que se nos presente… empezando de nuevo a veces. Enseñándonos a disfrutar intensamente de esa meta, que no es más que el cúmulo de las experiencias vividas. Correr mucho para llegar antes, impide disfrutar del transcurso del juego, que es lo que realmente enriquece nuestra vida y nuestro interior, lo que en definitiva para mí importa. Por eso en mi juego de la oca nada es mejor o peor, sólo son casillas por las que avanzo al ritmo que marca el juego. No hay meta a la que llegar porque está dentro de mí, la meta es la vida con sus días buenos y malos y sólo yo puedo conseguir que sea mejor… o no. Claro decir esto es muy fácil, por eso lo digo… otra cosa es conseguirlo, porque qué difícil resulta cuando hay que volver a empezar el juego, o cuando caes en un laberinto y tienes que retroceder… qué difícil pensar dentro del laberinto: “no pasa nada, esto es sólo una circunstancia más”. Eso sí, lo intento y a veces consigo que caer en el pozo me afecte menos o deje de ser una tragedia.

Y aunque puede ser una contrariedad a lo que escribí hace un momento, cómo me gustaría en estos momentos poder vivir ese “de oca a oca y tiro porque me toca”… porque algunas experiencias si no se viven, no pasa nada… bueno sí, que nos las ahorramos porque son innecesarias.

Sea como fuere, que cada uno viva su partida lo mejor que sepa y pueda… y si le gusta correr más, pues que corra, y si no quiere hacerlo, pues que no corra; pero hay que jugar siempre, hasta el final de la partida.

Un beso para ti

*María Jesús Blanco*

viernes, 31 de diciembre de 2010

Anduriña

… Y en su mundo mágico y dorado, donde la luz era en todas las cosas, se hizo la noche de forma espontánea, sin motivo aparente… Anduriña sintió miedo porque no sabía qué estaba pasando, un frío inmenso se apoderó de ella, dejándola tan sorprendida que no pudo reaccionar. Se quedó quieta esperando a que volviera la luz de nuevo, el calor, la magia y el brillo que siempre estuvieron en su mundo.

Se acurrucó en un rincón para protegerse del frío… de la oscuridad tan desconocida hasta ahora.

Lloraba porque no sabía qué hacer para cambiar las cosas.

Se preguntaba de forma repetitiva “¿por qué?”.

Anduriña no estaba preparada para vivir en la oscuridad, se sentía morir…

De pronto pensó que había llegado su hora. Nunca más vería aquella luz dorada, porque ella era esa luz, ella era ese mundo mágico y lleno de brillo.

Sintió tristeza cuando supo, que ese amor grande que acababa de perder, se llevó todo su esplendor… ahora siempre estaría en la negrura fría de la soledad…

Su mente se aclaró y pudo ver, que sólo sería, hasta encontrar de nuevo ese amor que le devolviera todo lo perdido.

Secó sus lágrimas y se sentó a esperar con los ojos cerrados, sabía que algún día volvería la luz, y ella estaría allí para abrirlos de nuevo.

Esperó con esperanza...

*******************

Algún día los ojos de Anduriña volverán a abrirse, y verán la luz de nuevo, porque cuando una etapa se termina, el dolor nos hace más fuertes, las heridas se curan y aparece una nueva etapa, SIEMPRE QUE TENGAMOS ESPERANZA y estemos dispuestos a recibirla.
Espero que el 2011 esté lleno de nuevas oportunidades y nuevas etapas para todos.
Que seáis muy felices.
*Cuchu*

sábado, 18 de diciembre de 2010

Os deseo 365 navidades llenas de felicidad

Hola:
sé que llevo mucho tiempo rezagada en el fin del mundo.
Hoy he recibido un correo de una persona a la que aprecio mucho; me decía que le extrañaba mi larga ausencia en el blog... y aquí estoy, me ha despertado el gusanillo y de repente he recordado que muy pronto estaremos en Navidad...

Esos días que tanta importancia tienen en casi todos, que para unos están llenos de alegría e ilusión, para otros son días deprimentes, llenos de recuerdos y de ausencias.

Días en los que a muchos les dan ganas de hacer algo bueno por otras personas y que popularmente llamamos "espíritu navideño"... días que unos aman y otros odian; pero que a nadie dejan indiferente.
Días inventados para promover el consumismo y que movilizan al mundo, creando angustia en quienes no tienen medios económicos para celebrarlos como "es debido"; haciendo comprar compulsivamente a muchos, llevados por esa euforia que les provoca la Navidad, aunque luego no tengan con qué pasar el mes de enero...

Lo cierto es que hace feliz a muchas personas, que contagian de esa felicidad a otras, que todos deseamos lo mejor a los demás, porque en "estas fechas" somos mejores sin preguntarnos el porqué... es Navidad y la bondad crece y se esparce por el mundo, lo que es muy positivo, asi que ¿qué importan los motivos?

Siempre he pensado mucho sobre esto, y me gustaría decir que un año en los que estaba en este tipo de pensamientos, se me encendió la bombilla y vi con claridad porqué somos mejores sólo en esos días. Es una tradición felicitar, sonreír, ser más generoso, lo que hace que estemos predispuestos a actuar de diferente manera que el resto del año. Regalamos, felicitamos, sonreímos y deseamos las mejores cosas a nuestra madre el día de la madre, a nuestros seres queridos en los cumpleaños, a alguien que ha sido operado o ha enfermado... ¿y el resto de los días?

Aquél año que comprendí el porqué, decidí que actuaría como en navidad todos los días del año. Desde entonces intento sonreír cada día, deseo lo mejor a los demás, procuro decirles las cosas que más puedan agradarles, trato de ser generosa con los menos afortunados. Eso no significa que sea una santa porque estoy muy lejos de serlo; pero me esfuerzo en ser mejor... intento que ese "espíritu navideño" no se escape, pongo empeño en retenerlo y a veces consigo transmitir un poco de positividad, un poco de alegría... contagiar una sonrisa a alguien que la necesita. Y el resultado ha sido sorprendente en cada ocasión que he dado algo bueno de mí, porque he recibido mucho más de lo que dí...

Me gustaría que todo el mundo pusiera en su lista de "cosas para hacer en 2011" la intención de no guardar en el cajón de adornos navideños "ese espíritu bondadoso" de estos días, dejándoselo puesto para siempre, porque aunque no todos los días podrán ponerlo en práctica, sí conseguirían hacerlo muy a menudo, haciendo mejorar el mundo, "nuestro mundo"... haciendo que cada uno de nosotros se sienta un poco más satisfecho consigo mismo, a pesar de las circunstancias.

Por eso hoy como cada día del año os deseo lo mejor a cada uno de vosotros... os deseo esperanza, ilusión, que seáis felices y que cada día sea como una navidad en vuestras vidas.

OS DESEO UNA FELIZ NAVIDAD DE 365 DÍAS.

Un beso grande a todos... ya sé que soy muy cursi, pero no lo puedo evitar jajajaja. Ala ahí queda dicho para quien quiera leerlo.
*Cuchu*

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un par de cuentos ...

Un Maestro y un Escorpion


Un maestro oriental, cuando vio como un escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua.


Cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose.

El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el escorpión lo picó.

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: "Perdone... ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?".

El maestro respondió: "La naturaleza del escorpión es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar".

Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad,... otros la crean.

En este cuento se nos dice que debemos aceptar la naturaleza de los demás, sin cambiar la nuestra, eso si, tomando precauciones para no se dañados... me parece una gran lección. Creo que poner en práctica la filosofía del maestro, nos podríamos evitar muchos quebraderos de cabeza.


Consejo Chino


Una vez un campesino chino, pobre y muy sabio, trabajaba la tierra duramente con su hijo.

Un día el hijo le dijo: "Padre, ¡qué desgracia! Se nos ha ido el caballo."

"¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre, veremos lo que trae el

tiempo..."

A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. "¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho, nuestro caballo ha traído otro caballo."

"¿Por qué le llamas suerte? - repuso el padre, veamos qué nos trae el tiempo."

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se enfurecio y lo arrojó al suelo. E muchacho se quebró una pierna.

"Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho - ¡Me he quebrado la pierna!"

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:

"¿Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!"

El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que se quejaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo. Lo mejor es esperar siempre el día de mañana, pero sobre todo confiar en que todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas.


Deseo lo mejor a todos.
*Cuchu*

lunes, 1 de noviembre de 2010

CINCO MUJERES Y UNA MALDICIÓN.





Este es un cuento escrito desde el corazón... tal vez sea bonito... tal vez no, pero refleja una gran realidad, un error que muy a menudo cometemos, no sé si refleja soberbia, orgullo, tetarudez o cualquier otra cosa; pero lo que sí refleja es la cruda realidad.


Había un pueblo tan pequeño, que tan sólo habitaban cinco mujeres; eran muy diferentes en carácter y forma de ser, y muy dispares en su forma de pensar; pero todas ellas estaban unidas por una misma cosa, padecían el maleficio de una bruja invisible, que odiaba tanto a las mujeres valiosas y luchadoras, que las hacía sufrir sin que nadie pudiera saber la causa. El tiempo hizo que se rindieran al poder de la bruja; los demás no las comprendieron, y muchos dejaron de relacionarse con ellas. En su soledad, buscaron consuelo en otras personas que padeciesen el mismo mal... y así es como fueron a parar a ese lugar en el que eran vecinas.

Las cinco mujeres se comprendían muy bien, se apoyaban y se animaban mutuamente. La bruja siempre les estaba atacando, cada vez que una de ellas intentaba zafarse de sus garras, venía y la castigaba con crueldad. Aprendieron a convivir con ella y se acostumbraron a sufrir todo cuanto quisiera hacerles. Pero eso no impidió que las vecinas encontraran la forma de seguir riendo y disfrutando de su vida, aunque no todas lo hacían por igual. DULCE era la que más sufría, porque no podía dejar de pensar en lo bien que estaba antes, y eso hacía muy doloroso ver en lo que se había convertido… llevaba pocos años con la maldición, y era la más joven; a pesar de eso era la más divertida de todas. HADA era una persona especialmente protectora y con la que se cebaba la bruja; se hizo íntima amiga de la DULCE, eran inseparables y tenían una gran amistad, aunque eso no les impedía ser amigas de las otras tres vecinas del pueblo. BLANCA, muy maltratada por el maleficio sufría enormemente; al igual que HADA llevaba demasiados años soportando y ya no podía más… sin embargo, siempre se preocupaba de todas las demás y les daba mucho cariño, eso sí, sin besos. VIDA aguantó tantas agresiones y maltratos como las otras, desde hacía bastantes años; esta mujer era especialmente fuerte, siempre seguía adelante por mucho que la agrediese el mal. Se ganó la admiración de todas. Y por último llegó al vecindario MUSA, era la que menos tiempo llevaba con el maleficio, además por el momento era la menos agredida, aun así soportaba muchas veces los terribles ataques de la malvada.

Hubo una época en la que la bruja quiso divertirse haciendo de las suyas con todas ellas, y las atacó a la vez, cada una soportaba sus ataques como podía, sin poder defenderse. Las atacó… y las atacó una y otra vez hasta que tanto mal las hizo explotar; esto provocó que se enfrentaran entre ellas, sin que se dieran cuenta que eran víctimas de la maldad… MUSA se enfrentó a las quejas de DULCE y HADA, y estas dos que se querían tanto se enfrentaron MUSA… BLANCA intentaba conciliarlas porque se daba cuenta de lo que estaba pasando y como también había quejas para ella desde tiempo atrás, se enredaron un poco las cosas. Lo peor llegó cuando MUSA dijo lo que pensaba, no supo hacerlo de la mejor manera, ya que era muy impulsiva, tanto como HADA y DULCE… para dejar constancia de su disconformidad con las quejas de las otras, MUSA lanzó un grano de arena en el camino de HADA y DULCE, éstas a su vez, lanzaron otro grano de arena en el camino de MUSA…

Por más que BLANCA intentó conciliarlas no lo conseguía, cada vez que una de ellas salía a la puerta de su casa y miraba ese grano de arena se indignaban y enfadaban más y más… sus enfados provocaban lluvia, y la lluvia hacía barro en el camino. Los granos de arena recogían el barro y se hacían cada vez más y más grandes.

VIDA, que llevaba tiempo sin verlas, porque estaba tratando de vivir como si la bruja no le hiciera daño, salió un día y se encontró con tres grandes pelotas de barro en el camino de sus vecinas. Al igual que BLANCA intentó hacer razonar a las tres en discordia, más su esfuerzo fue en vano.

MUSA acababa de pasar por una situación parecida y esto la destrozaba, acabó por darse cuenta que esa gran pelota de barro en realidad no era más que un grano de arena, de modo que la cogió y la apartó lejos, donde no pudiera verla nunca más. Pensó que de alguna manera había que arreglar aquello y dejó unos mensajes escritos en el buzón de sus vecinas, en el que las decía que las quería, que las echaba de menos y que no era para tanto. Ella ya no tenía aquella gran pelota de barro y por eso dejó de sentir enfado. Por el contrario HADA seguía viendo aquella enorme pelota en la puerta de su casa, y eso la enfadaba muchísimo, porque había querido tanto a MUSA, que no podía creer que aquella cosa enorme y fea se la hubiese lanzado su amiga… entonces llovía y el barro hacía crecer esa pelota más y más. DULCE estaba tan mal que no quitaba tampoco la pelota; pero no atacó más a MUSA. La ignoró sin más.

Aquella pelota de barro del camino de HADA llegó a ser tan grande que ya no pudo evitar el odio hacia MUSA, ya no recordaba que en realidad su vecina tan sólo tiró un granito de arena, y cuando vio los mensajes que decían aquellas palabras de cariño, su rabia creció aún más... y llovió haciendo crecer la gran bola de barro.

MUSA estaba sufriendo mucho, porque se daba cuenta de lo que estaba pasando, y no sabía cómo hacer ver a sus vecinas, que bastaba con quitar esa bola de su vista, para volver al punto de partida… para darse cuenta que nadie le tiró aquella cosa grande y monstruosa, que en realidad sólo fue un granito de arena. Ninguna de las tres hizo nada grave, solo fue un granito de arena.

La bruja reía y reía por su gran triunfo.

Las cosas llegaron a tal punto, que HADA pensaba de MUSA que era una mentirosa, que no estaba maldita por la bruja y que fingía su mal… todo porque había decidido hacer con la bruja lo mismo que con el granito de arena, es decir, MUSA seguía sufriendo los ataques y maltratos de la malvada bruja, de hecho cada vez eran más fuertes y agresivos; pero imitó a su amiga VIDA he intentó no pensar más en la bruja que en las demás cosas. MUSA consiguió vencer a la maldición en su pensamiento, eso le daba ánimos para intentar hacer cosas positivas y agradables, aunque no lo consiguiera siempre… quiso hacerlo saber a las demás mujeres, por si podía ayudar a alguna de ellas a no perder la esperanza. ¿Y qué pasó?, que la gran pelota de barro cegó a HADA y esta sólo vio un engaño donde no lo había, diciendo de MUSA que era una impostora, cuando lo cierto es que tan sólo había querido superar psicológicamente aquella maldición que jamás podría evitar.

Tanto dolió esto a MUSA, que decidió hacer con DULCE y HADA lo mismo que con el granito de arena y la maldición… se las quitó de en medio, no quiso verlas más, a partir de ese momento ya no podría dañarle nada de lo que hicieran o dijeran.

Mientras tanto HADA vivía con una montaña de barro delante de sus ojos… y decidió marcharse del pueblo junto con DULCE.

Ahora el pueblo estaba muy vacío; pero sin barro…

Espero que las HADAS del mundo aprendan a evitar que un simple granito de arena destroce una amistad, un amor e incluso un país o la paz de los seres humanos.

Os deseo lo mejor.
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